sábado, 17 de febrero de 2018

Johannes Van Kessel Brouwers: un enamorado del desierto de Tarapacá y sus habitantes aymara. Un homenaje a su trayectoria científica y humana.


El presente capítulo está dedicado a presentar la figura y obra de un notable  investigador de la cultura de los aymaras del Norte de Chile y de la religiosidad popular expresada en los bailes religiosos de los Santuarios del Norte de Chile. Cuarenta y cinco años de labor ininterrumpida en la  I  y II Región de Chile, otorgan a Juan Van Kessel un sitial de honor entre los investigadores de la cultura de  la religiosidad popular nortina, y, a la vez, le sitúan entre los más grandes investigadores de la cultura y tecnología simbólica de los aymaras de Sudamérica. Su partida de regreso a Holanda en el año 2009,  ha privado a los centros universitarios de Tarapacá y Antofagasta de un investigador acucioso que todavía tenía mucho que entregar en sabiduría y experiencia, a los jóvenes antropólogos y sociólogos  en vías de formación. Lamentamos profundamente su tan temprano alejamiento. Y, por este medio, queremos hacerle hoy aquí un sentido homenaje en agradecimiento por su valiosísmo legado, expresado en sus numerosos libros y artículos de difusión e investigación, y su riquísima  biblioteca andina puesta a disposición de los estudiosos. Trataremos de profundizar en las raíces de ese legado buscando las razones de su éxito  entre nosotros. 

Su infancia en Eindhoven, Holanda.

Juan (Joop en holandés) fue el primero de 10 hermanos, seis varones y cuatro mujeres. Su padre, Matheus van Kessel  era un hábil carpintero mueblista (cabinet maker)   que en los años siguientes a la recesión económica de los años 30 se estableció por cuenta propia, formando un taller de carpintería de muebles. Su madre, Petronella Brouwers estaba 100% dedicada al cuidado de su numerosa familia. Joop de niño, aprendió y practicó el oficio de mueblista de su padre, a quien ayudaba hasta la fecha en que  decide ingresar al Seminario de los Misioneros de la Sagrada Familia, a la temprana edad de doce años.  Vivían en las afueras del pueblo de Eindhoven (Holanda),  en una casa, junto a otras pocas más, y a unos 100 m. de la iglesia. Las casitas, en su mayoría de agricultores, se hallaban dispersas en medio de la campiña agrícola, en cuya proximidad inmediata había una escuela primaria. Prácticamente pues, vivían en el campo, lejos del ajetreo y del ruido de la ciudad. La  labor del padre como artesano de muebles, en su propio taller familiar creado por él, les daba  bastante libertad e  independencia, lo que sin duda influirá en  el carácter y el modo de ser del futuro sacerdote. Uno de los hijos menores, Edwin, heredará la profesión del padre,  dedicándose hasta el día de hoy a su labor de mueblista.

Hurgando en el álbum familiar de los recuerdos.

Queremos, pues,  comenzar esta historia desde sus inicios, conociendo más de cerca  a esta familia  de clase media holandesa, en la que  Juan llegó a este mundo. Para la elaboración de este capítulo,  hemos contado con la inapreciable ayuda de  Mathieu van Kessel, hermano menor de Juan, quien  amablemente desde Holanda, su patria, nos ha suministrado varias fotos de su  álbum familiar y nos ha confirmado o corregido fechas de hechos familiares memorables. Agradecemos su excelente disposición para apoyar esta pequeña investigación de corte periodístico que hemos emprendido con especial afecto para honrar el recuerdo de su paso por nuestra tierra.  

 Fig. 1.  La numerosa familia de Juan Van Kessel en Eindhoven, Holanda. Juan (Joop, en holandés) es el del medio, en la fila superior, vestido de negro. Por lo que sabemos, ya había ingresado ese mismo año al Seminario de los Misioneros de la Sagrada Familia en Eindhoven. La foto correspondería al año 1954, según su hermano Matheus.  El orden de los miembros en la foto de la familia es el siguiente, de izquierda a derecha: fila superior:  Bernhard, Joop (Juan), Margriet,  sentados: Ellen, Matthieu (padre), Matthieu, Beb, Petronella (madre). fila inferior: Edwin (en brazos del papá), Annelies, Louis, Jos.  De este hermoso grupo familiar han fallecido Bernhard, misionero en Brasil, (dic. 2013), Margriet, (2017) y Jos (2017). (foto enviada por Matheus, el 15 de  febrero, 2018, con sus indicaciones precisas).


Fig. 3.    El niño de la mano del padre es nuestro futuro investigador, Joop (Juan) Van Kessel con su hermana Beb y sus padres en la campiña junto a su casa (fecha aproximada 1938?).

Fig. 4.   Joop, de la mano de su madre y su hermana Beb, en el cochecito. (Fecha aproximada: 1938?).


Fig. 5.  Los dos hermanos mayores jugando, en foto tomada hacia hacia el año  1938 ó 1939. (Fotos enviadas por su hermano Mattheus, Febrero 2018).

Algunas fotos posteriores   de Juan.

Fig. 6.    Juan Van Kessel  en una actividad religiosa en un pueblo del Perú (hacia el año  2006).

Fig. 7. En vísperas de su partida  a Holanda.  Desde su departamento de Iquique, se divisan las luminarias que circundan la hermosa playa de Cavancha  y la península (Foto H. Larrain, noviembre 2009).

Fig. 8.  El Padre Juan -como le llamábamos familiarmente- en su departamento en la ciudad de Iquique, Noviembre  2009., pocos días antes de su regreso definitivo a Holanda. (Foto H. Larrain)

 Fig.  9.  Pocos días antes de su partida definitiva a Holanda, su patria (Foto H. Larrain, Noviembre 2009).
 Fig. 10.  En su mesa de trabajo. (Foto H. Larrain,  noviembre 2009).

Fig. 11.  El Padre Juan  hace pocos meses, en su departamento en la ciudad de  Eindhoven, Holanda  (Octubre 2017).

Saldando una vieja deuda.

Hace años que debí escribir este capítulo dedicado a  un hombre eminente que por más de 45 años trabajó incansablemente entre nosotros en el extremo norte de Chile. Porque este antropólogo y sociólogo holandés, retirado hoy a su país de origen,  recorrió incansablemente los pueblos de Tarapacá desde el año 1969, buscando  antecedentes para estudiar  y manifestar, con valentía y profundidad,  aspectos poco conocidos del ethos y cultura del pueblo aymara chileno. Hoy quisiera, pues,  saldar una vieja deuda de gratitud.
 Tuve yo la gran fortuna de conocerlo en la festividad religiosa de La Tirana, en Julio del año 1972, cuando se me dio la oportunidad de viajar al Santuario mariano para interiorizarme sobre las características de  la religiosidad popular que allí se manifestaba y aún se manifiesta con tanto esplendor, grandeza y fervor. Recién titulado de arqueólogo en  México (Enero 1970),  quise yo tomar contacto directo con el mundo religioso aymara que hasta ese momento solo conocía a través de los libros. En mis estudios de doctorado, hasta intenté escribir un trabajo de curso sobre el espíritu religioso de los aymaras, sin conocerlos todavía. Fue tan solo un trabajo de recopilación  bibliográfica. Nada mejor ahora que hacerlo a través de la vivencia  y participación en una fiesta religiosa popular que atrae enormes multitudes tanto de chilenos nortinos  (desde Arica hasta Copiapó), como de  indígenas aymaras, tanto chilenos como bolivianos. La fiesta reúne todos los años entre  los días 15-20 de julio,  en torno al Santuario,  a más de 250.000 fieles, devotos de la "Chinita", además de centenas de turistas y curiosos. Nada mejor que, bajo la guía  de Juan, tomar contacto directo con una comunidad aymara: los lirimeños.

Su potente legado científico.

Johannes Van Kessel,  o el  "Padre Juan" -como le llamábamos coloquialmente sus amigos-  merece hoy un recuerdo especial. Porque su notable legado científico, expresado en varias decenas de  libros y artículos, es reconocido hoy internacionalmente en el mundo de la Antropología,como uno de los  máximos expertos en el  estudio de la cultura  del mundo aymara.  Extrañamente, sin embargo,  hoy ha sido casi relegado al olvido, por parte del mundo aymara oficial (CONADI), por oscuras razones ideológicas que trataremos de discutir en otro capítulo.  

Llegada a Chile e inicios de su vocación de investigador andino.

Sacerdote de la Congregación Religiosa de los Misioneros de la Sagrada Familia a la que ingresara en el año 1954,  llega a Chile en el año 1964 a los 29 años de edad, a la ciudad nortina de Tocopilla,  donde tuvo sus primeros contactos con el mundo indígena chileno. Su situación de marginalidad histórica y su  rico bagaje de  cultura y ritualidad (espiritualidad) le impresionaron profundamente. Corrían por entonces los tiempos del Concilio Vaticano II, inaugurado muy poco antes por el Papa Juan XXIII en el año 1962, con el cual la iglesia católica pretendía ponerse a tono con los nuevos tiempos y los nuevos desafíos que presentaba la sociedad moderna, especialmente del mundo obrero. El tema  había sido ya parcialmente desbrozado por el jesuíta Padre Alberto Hurtado Cruchaga, S.J. a fines del año 1941 en su polémica obrita: "¿Es Chile un país católico?. En particular, afectaba por entonces profundamente a la iglesia la deserción masiva de las clases populares, atraídas entonces sea por las ideas marxistas y el comunismo internacional, sea por  la aparición de nuevas sectas protestantes  (máxime los Evangélicos) que  conquistaban con rapidez a amplios sectores populares  con su ágil y penetrante predicación y su exitosa inserción en los barrios populares.

Fig. 12. Recién ordenado de sacerdote en Holanda,  hacia el año  1958.

Fig. 13.  Trabajando durante un año como sacerdote-obrero en una fábrica de muebles, en Tocopilla (años 1967/68).




Fig. 14.  Con  colegas peruanos quechuas, en visita a las ruinas incaicas de Macchupichu  hacia
1992.

Su experiencia como sacerdote-obrero e investigador de campo.

Motivado, pues, el joven sacerdote Van Kessel  por el  interés creciente de la iglesia católica, renovada por el espíritu del Concilio Vaticano II,  por conocer más de cerca la situación del obrero de las poblaciones marginales, formó parte por un tiempo, con autorización de su obispo,  de la legión de sacerdotes obreros, que abrazaron con entusiasmo la causa del acercamiento al mundo del trabajo, que se iniciaba por esos mismos años  (Ver Fig. 7). Desde Tocopilla donde inició sus trabajos en una parroquia obrera (1964), tuvo sus primeros contactos con los bailes religiosos populares y sus cofradías, y hacia el mismo tiempo,  con los indígenas aymaras y sus  celebraciones  religiosas. Así, tomó la decisión de  participar, no solo como sacerdote sino también como activo investigador de campo, en las fiestas patronales de los pueblos andinos de Tarapacá. Tomó así  activamente  parte en las festividades religiosas de La Tirana, Cultane, Sibaya, Mocha, Huasquiña, Isluga,  Cariquima  o Tarapacá, (precordillera y altiplano  de Tarapacá) y varios otros pueblos aymaras,  abriéndose así para él un rico e insospechado horizonte de investigación sociológica y antropológica. Junto a las manifestaciones del culto católico que él mismo en su calidad de sacerdote dirigía y observaba, empezó a  interesarse vivamente por el estudio de los bailes religiosos que, en sus numerosas cofradías, acuden todos los años a los Santuarios del Norte de Chile a bailar devotamente a la Virgen María a la que piden favores y llaman familiarmente  su "Chinita". Al estudio de estos Bailes dedicó varios de sus primeros trabajos, siendo el primero, al parecer, su trabajo de título como Sociólogo en la FLACSO, denominado: "Los Bailes Religiosos de Tarapacá y Antofagasta. Una sub-cultura en vías de transformación integrativa".

Descubriendo el universo cultural aymara.

 A través de sus asiduos contactos con los miembros de la comunidad aymara de Lirima (altiplano de Tarapacá), tuvo ocasión de estudiar in situ el rico universo espiritual aymara, sus deidades o seres míticos, su tecnología saturada de religiosidad  y su  economía agrícola y pastoril.   Fruto maduro de estos estudios de campo, fue su notable obra "Holocausto al Progreso, los Aymaras de Tarapacá", tal vez su obra maestra de doctorado, publicada originalmente en lengua castellana en el CEDLA, (Centro de Estudios y Documentación Latinoamericanos) de Amsterdam  (Holanda),   en el año 1980. Esta valiosa  obra - su obra cumbre-  fue en su época y sigue siendo hoy un poderosísimo estímulo para muchos noveles antropólogos, chilenos y extranjeros, para penetrar y profundizar en el devenir histórico de los aymaras de Chile y sus consecuencias culturales. Obra ciertamente no superada hasta el presente.  En ella se plantea de qué manera los aymaras chilenos de Tarapacá  han sido forzados a sacrificar  parte importante de su rico legado cultural y espiritual en aras de un  "progreso"  material  que preconiza y predica el Estado Nacional como única forma posible de integración a la sociedad chilena. Esta idea de "sacrificio total"  conlleva, evidentemente, la pérdida de valores ancestrales, y queda muy bien expresada en el término griego "holocausto", que  en lengua castellana  significa  "quema total" (ὁλον: 'completamente' y καυστον: 'quemado')  de la víctima ofrecida en  sacrificio.

"Nacimiento" del pueblo de Lirima.

Juan Van Kessel  acompañó desde sus inicios, la idea de la  erección del poblado de Lirima por parte de una comunidad de aymaras, pastores transhumantes, habitantes de la quebrada de Coscaya y sus nacientes. Éstos, mayoritariamente de apellidos Vilca y Ticuna, vivían dispersos en distintos lugares de  pastoreo ubicados entre el  sector altiplánico  de Aguas Calientes y las localidades de  Coscaya y  Poroma, a través de las cuales realizaban su acostumbrado ciclo migratorio anual conduciendo sus rebaños de llamas, alpacas y cabras.  Obedeciendo al  legítimo anhelo de estas familias emparentadas entre sí y descendientes de troncos comunes,   de constituirse como  "pueblo" organizado, con iglesia, casa de la comunidad y santo patrono propios, Juan Van Kessel y su amigo el arquitecto antofagastino Carlos Contreras Alvarez acompañados de los lugareños, recorrieron  a pie  durante el verano del año 1974  extensos sectores de tierras pertenecientes desde antaño a las citadas familias,  en busca del lugar más propicio para poblar. En la pampa de Columtucsa, al pie del volcán Lirima (en tierras propias de la comunidad), junto a aguadas permanentes  y en un sitio plano,  bien protegido, el visionario arquitecto Contreras  decide  trazar el nuevo poblado, sus casas y su pequeña iglesia. Su ubicación geográfica  exacta se encuentra a los 19º 50´ 53´´ S y 68º 51´ 18´´ W.   Los jóvenes líderes de la naciente comunidad  Javier Vilca y Enrique Ticuna, se manifiestan de acuerdo: ellos quieren ser un pueblo tradicional andino, y por lo tanto, a la más pura usanza aymara.  Surge así a la vida, en el mes de febrero del año 1981, el pueblo actual de Lirima, dotado de la típica arquitectura tradicional andina con sus casitas de adobe y  tejados a dos aguas,  techados con capas de paja brava (ichu)  y una réplica de iglesia tradicional altiplánica al más puro estilo tarapaqueño. Hoy  ningún visitante  dudaría en pensar que el pueblo actual de Lirima es  poseedor de una rancia historia colonial, al estilo de Isluga, Caraguano o tantos otros pequeños caseríos tarapaqueños de idéntica traza y aspecto. ¡Nadie sospecharía  hoy, al recorrer sus calles polvorientas, que el pueblito de Lirima apenas tiene a su haber 45 años de existencia real!.  En un pequeño artículo periodístico nuestro, dedicado a la memoria del desaparecido arquitecto Contreras (fallecido en 1975), aludíamos a este hecho memorable, tal vez único en el Chile reciente.  (Cfr.  H. Larrain, "Como las parinas....Hace diez años, Carlos Contreras Alvarez", Diario "El Mercurio" de Antofagasta, 5 Noviembre,1985).

Su abundante bibliografía sobre el mundo aymara.

Sorprende en la vida de este sacerdote,  la enorme actividad de investigación. Cuenta detallada de su rica producción científica entregaremos en el próximo capítulo de este  blog, en el que también incluiremos sus respuestas a mis cuestionarios  presentados al investigador en los años 2009 y 2017. Sus respuestas  a nuestros dos cuestionarios (años 2009 y 2017)  nos ofrecerán, así lo estimamos,  una visión muy acabada de su pensamiento antropológico y su visión de la realidad andina desde una perspectiva cristiana. Pero para comprender la gigantesca obra de van Kessel es indispensable  recorrer, en detalle su vida y sus diferentes obras, lo que intentaremos mostrar en este trabajo.

Su formación científica como  sociólogo.

Su formación teológica como sacerdote en Holanda y posteriormente como sociólogo formado en la FLACSO (Santiago de Chile),  y con sendos doctorados en Universidades europeas, le preparan muy bien para  aprovechar todas las oportunidades que  su labor pastoral le depara para  estudiar a fondo el mundo aymara, a través de sus comunidades, sus actividades agrícolas o pastoriles y sus fiestas patronales. Toma notas cuidadosas de todo lo que observa o escucha. Pregunta mucho y observa aún más.  No pierde ocasión de participar en las "wilanchas" (cruento sacrificio de un llamo a la deidad Pachamama), o en  los Bailes religiosos en honor a la Virgen María, donde cree descubrir  numerosos elementos supervivientes de antiguas creencias religiosas, de la época del Incanato. Estudia con pasión los elementos de sincretismo religioso que se observan en todas estas manifestaciones religiosas, tanto las observadas en los Santuarios Marianos (La Tirana, Las Peñas), como en todas  las festividades patronales de los pueblos andinos.  Descubre así ciertos notables paralelelismos que hoy nos asombran y delatan  a las claras elementos de un sincretismo religioso  aún hoy en plena vigencia.

Breve y conciso  itinerario de su vida.

1934, nace en Eindhoven, Holanda,  un  día  1 de Julio, hijo de carpintero; familia de diez hermanos.
1954, ingresa a la Congregación Religiosa de Los Misioneros de la Sagrada Familia en su tierra natal.
1958, ordenación sacerdotal en Holanda.
1964, Viaje a Chile. Radica en la ciudad nortina de Tocopilla, como vicario de la parroquia local confiada a su Congregación.
1965-67 primeros contactos  con los Bailes Religiosos. Acompañamiento pastoral de la Federación de Bailes Religiosos en Tocopilla.  Socio del "Baile Pieles Rojas" de la ciudad de Tocopilla.   
1967/68, Con la autorización de su obispo, trabaja un año como sacerdote obrero en una fábrica de muebles, en la ciudad de Tocopilla.
1966-68, Asesor de  la Asociación de Bailes Religiosos de  la ciudad de Tocopilla.
1969/71. Estudia Sociología del Desarrollo primero en la FLACSO (Santiago de Chile) y luego en  Institut des Hauts Études d´Amerique Latine, Université de París. Finaliza sus estudios de esta especialidad en la Universidad Católica de Tilburg, Holanda.
1971, dicta un curso de Religiosidad Popular, en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
1972, Participación en la Fiesta de la Virgen del Carmen de la Tirana. Primer encuentro con los jóvenes lirimeños Javier Vilca y Enrique Ticuna,  líderes de la comunidad cristiana de Lirima.
1972, acompañado del arquitecto Carlos Contreras, acude a re-consagrar el templo de Cultane, santuario de los lirimeños, destruido poco antes por la caída de un rayo.
1972 (mes de febrero), estancia de un mes con un familia de pastores aymaras en el lugar dev pastoreo Pucopucune, donde queda totalmente aislado por más de un mes  por las lluvias del llamado "invierno boliviano". En sus libretas de campo consigna, durante esta estadía  providencial,   innumerables detalles de la vida del pastor aymara tradicional.
1972-1975, profesor de la cátedra de sociología  en las Universidades de Chile y del Norte, en la ciudad de Antofagasta.
1973, mes de febrero, levantamiento topográfico del pueblo de Cultane, santuario de los lirimeños, acompañando al arquitecto Carlos Contreras Alvarez. Su hermoso dibujo del área de Cultane servirá de portada a los primeros números de la revista "Norte Grande", del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile, dirigida por el antropólogo Horacio Larrain Barros.
1974, es nombrado párroco de los pueblos de Jaiña, y  Sibaya  por el obispo de Iquique Monseñor José del Carmen Valle.
1974, publica su primer trabajo de investigación en la revista Norte Grande, del Instituto de Geografía de la Universidad Católica con el título de " El floreo en Lirima Viejo (Provincia de Tarapacá,  Chile"),  (Norte Grande, Vol, I, Nº 1, Marzo 1974,  34-43).
1975, publica  su obra: El Desierto canta a María (tomos I y II), Serie La fe de un pueblo, Ediciones Mundo, Santiago de Chile.
1978-1994, profesor de Sociología en la Universidad Libre de Amsterdam, Holanda  (4 meses por año).
1979/81, En Cusco (UNSAAC) y Puno (UNAP), dedicado a la coordinación  y promoción de 14 equipos de investigadores andinos para el desarrollo social andino, Convenio universitario Perú-Holanda, para la investigación sociocultural del mundo andino.
1980, publica Danseurs dans le Désert: Une étude de dynamyque sociale, Editions Mouton, Den Haag, Parijs, New York, 224 p.
1980,  Publica Holocausto al Progreso: Los Aymaras de Tarapacá, Tesis de Doctorado, Universidad Católica de Tilburg, CEDLA, Amsterdam, 462 p.
1987, Publica su obra: De 12000 dansers van de Maagd: Volksmystiek en politiek proteste in Noord Chili, [Los 12.000 bailarines de la Virgen; mística popular y protesta política en el norte de Chile],  Ed. VU-uitgeverij; serie Antropologische Studies, 331 p.
1980,  Co-fundador del Equipo de Pastoral Andina", (EPA) en la diócesis de Iquique, con Argimiro Aláez y otros sacerdotes más, para coordinar y encauzar con un criterio común  las  actividades pastorales de la diócesis de Iquique entre los  comunidades aymaras.
1986, publica el "Diccionario de Pesca artesanal del Norte Grande de Chile",   Serie Publicaciones Ocasionales Nº 2, Editado por la Facultad de Antropología Cultural de la Universidad Libre de Amsterdam y Centro de Investigaciones de la Realidad del Norte (CREAR), Iquique, Chile.
1988, Participa en el Congreso Internacional de Americanistas Nº 46, en cuatro simposios, llevando  un total  de 36 artículos con la visión de diversos investigadores andinos.
1989, publica  "La Iglesia Católica entre los Aymaras", Ediciones Rehue Ltda, Colección Cultura y religión, Santiago de Chile.
1992, es nombrado cura párroco del pueblo de Tarapacá, por el obispo de Iquique don  Enrique Troncoso Troncoso.
1992, publica con  Dionisio Condori: Criar la Vida, Santiago, VIVARIUM, 183 p.
1994, Creación del IECTA (Instituto de Estudios de la Cultura y  Tecnología Andina), en la ciudad de Iquique.
1997, Participa en el Congreso Internacional de Americanistas Nº 49 en la ciudad de Quito, con 16 artículos de investigadores andinos reunidos por él.
1998, Juan van Kessel y Guillermo Cutipa publican: "El Marani de Chipukuni", IECTA-CIDSA, Iquique y Puno,  228 p.
2000, Participa en el Congreso Internacional de Americanistas Nº 50, en Varsovia (Polonia) con  tres conferencistas andinos llevados por él.
2002,  publica con  Porfirio Enríquez Salas: "Señas y Señaleros de la Madre Tierra, Agronomia Andina", Quito, Abya-Yala/IECTA,  307 p.
2003/2005, Profesor de Antropología Social en la Carrera de Antropología, Universidad Bolivariana, Sede Iquique.
2004.  El obispo de Iquique Monseñor Juan Barros Madrid le  retira el nombramiento de párroco del pueblo de Tarapacá.  La autoridad eclesiástica le prohíbe seguir ejerciendo su oficio sacerdotal entre los aymaras de Tarapacá. Graves diferencias de enfoque pastoral con el obispo de la diócesis explican esta drástica decisión.
2006, Participa en el Congreso Internacional de Americanistas Nº 51, en  Santiago de Chile con presencia de 8 conferencistas andinos.
2009 (mes de noviembre), Contesta un extenso cuestionario enviado por el Dr. Horacio Larrain, para su blog https://eco-antropologia.blogspot.com
2009.  Regreso definitivo a su tierra natal y radicación en Eindhoven (Holanda), cerca de sus familiares y amigos de la Universidad.
2017.  Desde Holanda responde nuevo cuestionario del Dr. Larrain sobre su vida y actividades académicas.

La creación del IECTA.

El padre Juan no se contenta con  investigar  las características religiosas del mundo aymara chileno, en las quebradas y altiplano de Tarapacá. Plenamente consciente de que éste representa solo una pequeñísima fracción del mundo aymara sudamericano (mayoritariamente presente en Perú,  Bolivia y aún en  Argentina), se conecta con los investigadores aymaras de las ciudades de Cochabamba, La Paz, Puno y Tacna  y participa activamente en todos los Congresos de Antropología  aportando su visión sobre  la religiosidad andina , la tecnología  simbólica tradicional o los Bailes religiosos de los Santuarios andinos.  De este contacto asiduo con  investigadores aymaras y quechuas de las vecinas repúblicas de  Perú, Bolivia y Argentina, brotan varios valiosos  trabajos comunes, hechos en colaboración.  De aquí surge la idea de crear una organización  que  aúne estos países y sus investigadores, en torno a temáticas comunes, de interés común.  Así nacerá en el año 1994 el IECTA (Instituto de Estudio de la Tecnología Andina) cuya finalidad es ofrecer a todos los estudiosos del mundo andino un rico repertorio bibliográfico que abarque todos los temas atingentes a  los pueblos andinos. Así se crea, con el aporte directo de Juan Van Kessel,  la Biblioteca de Antropología Andinos (la BAA).  Esta biblioteca especializada sobre temas andinos, estuvo radicada por algunos años en la ciudad de Iquique, en un inmueble cedido temporalmente por el obispado de Iquique.  La idea era que tanto sacerdotes como laicos encontraran allí, a la mano, todos los elementos bibliográficos para sus estudios y análisis. Posteriormente,  al surgir problemas con el obispado de Iquique, Van Kessel opta por ofrecer, mediante contrato especial, esa rica biblioteca andina en calidad de préstamo a la Universidad de Tarapacá en Arica, donde actualmente radica junto a la sede del Museo Arqueológico en el valle de Azapa, donde es consultada por muchísimos investigadores de la realidad andina tanto en su sede física como a través de Internet.  Hoy esta valiosa biblioteca es considerada una de las más ricas bibliotecas especializadas en el mundo andino sudamericano y sus culturas ancestrales,  con un total de 18.120 obras (hasta el año 2009). Su ágil sistema de consulta permite un fácil acceso mediante Internet.

El nuevo concepto de "inculturación" del Evangelio.

Como misionero que es, el tema de la inculturación del Evangelio seduce al Padre Juan, desde los tiempos de los primeros sínodos de obispos latinoamericanos (Medellín, Puebla, Santo Domingo). Desde los primeros tiempos de la iglesia cristiana, se ha producido un diálogo entre  las culturas locales de los diferentes pueblos, y el Evangelio o "Buena Nueva" traída por Jesucristo en sus Evangelios.  Pero muy especialmente a  partir del Concilio Vaticano II se inicia en la iglesia católica  una profundización y un re-estudio o re-orientación de su acción misionera  y sus modus operandi (Cf. Constitución "Gaudium et Spes" de dicho Concilio).  Surge así ahora el concepto de "inculturación", que ha sido  definido como "el esfuerzo de la iglesia por hacer penetrar el mensaje de Cristo en un determinado ambiente socio-cultural, llamándolo a crecer en todos sus propios valores  desde el momento en que éstos son conciliables con el Evangelio. El término inculturación incluye la idea de crecimiento, de  enriquecimiento mutuo de las personas y de los grupos por el hecho  del encuentro del Evangelio con un ambiente social". (En  Diccionario de la cultura, Henri Carrier, Editorial Verbo Divino, Navarra (España),  1994, 279).
En síntesis, la inculturación es la encarnación del Evangelio en las culturas autóctonas, la introducción de estas culturas en la vida de la Iglesia" (Encíclica "Slavorum Apostoli", 2 Junio 1985, nº 21).

Más allá de una mera  "aculturación".

Tal como lo señala acertadamente Carrier, "inculturación"  es un concepto que va bastante más allá de la mera "aculturación" que consiste en constatar los cambios culturales que se producen entre dos comunidades o culturas, por el solo hecho  de vivir en contacto directo  (Cf. Carrier, op. cit., 278).
Imbuido de estas ideas -nuevas para la época pero en realidad de vieja raigambre cristiana- , Juan van Kessel participa activamente en los bailes religiosos del Norte chileno, los estudia e investiga y  apoya  decididamente  a la comunidad aymara de Lirima en todos sus proyectos de desarrollo.  Fruto de esta misma inquietud pastoral renovada, nace el EPA (Equipo Pastoral Andino) como un instrumento básico de  encuentro para los evangelizadores, educadores  y pastores  del mundo aymara. Fruto, igualmente de esta preocupación por la "inculturación del Evangelio" en el mundo indígena, nacerá  el IECTA y su rica biblioteca andina. En otras palabras, Van Kessel explora diversos mecanismos a su alcance para hacer más efectiva la evangelización, tarea a la que se ha comprometido como sacerdote católico  perteneciente a una congregación religiosa misionera.

Van Kessel decidido defensor de los aymaras y su cultura.

Mal que pese a algunos pseudo-historiadores del mundo aymara en Chile, Van Kessel, es, hoy por hoy,  y por lejos, el más eximio investigador de las realidades religiosas del mundo andino, al menos  en nuestro país, Chile.  Basta comparar su poderosa bibliografía con otras, para reafirmarlo. Junto a sabios investigadores como los jesuítas  españoles Javier Albó y Manuel M. Marzal, o el agustino  Hans van den Berg, van Kessel  destaca, sin lugar a dudas, como uno de los grandes expertos mundiales en las culturas del mundo andino de la actualidad.

En un próximo capítulo de este blog, Dios mediante,  al dar a conocer ad litteram dos valiosos cuestionarios hechos por nosotros a Juan van Kessel  (en 2009 y 2017), tendremos ocasión de profundizar en estos temas, de enorme interés, para sí poder penetrar mejor en el sentido profundo de la trayectoria académica y humana de Juan van Kessel.  También, para reflexionar serenamente sobre el porqué de su desconocimiento (¿o premeditado desprecio?)  por parte de algunos actuales líderes indígenas del Norte de Chile.

(Nota: Todas las fotos, salvo las que llevan mi nombre (Horacio Larrain), han sido enviadas por el propio van Kessel o por su hermano Matheus al suscrito, en los últimos días,  para enriquecer este aporte biográfico, favor que agradecemos especialmente).



                                                                                                                                             

martes, 23 de enero de 2018

Incierto destino del bosque actual del Tamarugal: ¿muerte lenta o posible recuperación?. El futuro del Tamarugal de Tarapacá.

Retomamos, tras cinco meses de inactividad,  nuestro blog de eco-antropología. Nuestro traslado definitivo a la Región Metropolitana y sus efectos, ha sido la causa de este largo silencio.  Pedimos disculpa a nuestros lectores por esta dilación.

En este capítulo, nos corresponde meditar sobre el destino futuro del bosque del Tamarugal, plantado por CORFO en la década del 60 del pasado siglo. Desde la época de la Colonia, este bosque ha jugado un importante papel en la economía de Tarapacá, desde la época de las primeras explotaciones mineras por obra de los ,primeros encomenderos, especialmente en el mineral de Huantajaya, próximo a la ciudad de Iquique. Nos preguntamos hoy: ¿está muriendo el tamarugal de Tarapacá?  ¿Qué esta pasando?. Las desesperadas medidas actuales que se está tomando, ¿contribuirán a mejorar la vitalidad del bosque, o, al revés, acelerarán su muerte?. Es lo que pretendemos  examinar en este capítulo.

                                  
Fig. 1.  Así lucen hoy semi secos -o totalmente secos- muchos árboles en el bosque del Tamarugal,  a la orilla de la carretera Panamericana norte-sur, entre los km.  1780-1785, al sur de la localidad de Pozo Almonte. Plantados alrededor de los años  1965-1969,  no alcanzaron a adquirir su tamaño máximo  y sucumbieron fatalmente por falta de agua. En este texto se explica en detalle  las causas de su triste destino. (Foto H. Larrain, agosto 18, 2017).

La creciente mortandad de los tamarugos.

Para nadie es un misterio en Tarapacá que el famoso bosque del Tamarugal se encuentra en un acelerado proceso de degradación y muerte. Esto al menos en su  porción central, situada al sur de la localidad de Pozo Almonte, justamente en la zona correspondiente a la Reserva Nacional Pampa  del Tamarugal. Para el viajero que cruza velozmente esta pampa  de Norte a sur,   pasando Pozo Almonte con rumbo sur, rumbo a Oficina Victoria, pronto se presenta a la vista la enorme plantación de tamarugos hecha por la CORFO (Corporación Nacional Forestal) entre los años  60 y 70 del pasado siglo. Hoy día, tal como lo podremos apreciar claramente en las fotografías que siguen (Fotos 1 a  10),  esta sección de Tamarugal parece estar claramente amenazada de muerte. Así lo estaría demostrando el  lamentable estado actual de la arboleda en decenas de hectáreas. Miles de árboles muertos y muchísimos en deplorable estado, prácticamente moribundos. ¿Qué ha ocurrido en estos últimos decenios?. ¿Por qué  están muriendo en  amplios sectores?. ¿Se conoce su causa?. ¿Hay algún posible remedio a este desastre ad portas?.

Intentos de explicación.

 La razón de esta crítica situación del bosque se debería, a juicio de los científicos que han estudiado el área, a la creciente disminución y agotamiento del agua anteriormente presente en los niveles freáticos más altos, o sea, al agotamiento de los acuíferos de las napas superiores. es decir aquellos que pueden alcanzar normalmente  las raíces de los árboles ( de 0 a 30 m. de profundidad, como máximo). Y esta situación ¿a qué atribuirla?. En gran parte, tal como lo han señalado inequívocamente los hidrogeólogos,  a la permanente succión y extracción masiva del agua freática subterránea (subsuperficial) de tipo fósil), tanto por parte de la arboleda como por parte del hombre, para subvenir a sus necesidades  agrícolas, industriales o citadinas, y desgraciadamente a la vez, a la falta de recarga o reposición natural de las napas subterráneas. Decenas de miles de tamarugos y algarrobos fueron plantados, bajo el falso supuesto de que siempre dispondrían de suficiente agua subterránea, considerada hipotéticamente (y erróneamente) como  una fuente hídrica inagotable. Como resultado de esta implacable succión permanente, ha brotado, por efecto de la capilaridad, la sal agolpándose en la superficie, dejando hoy a la vista vastas superficies de terreno blanquecino, fuertemente salinizado. Sal prácticamente pura (NaCl). Tales sectores salinizados,  no solo no permiten hoy el crecimiento de  algún tipo de sotobosque  (arbustos pequeños o hierbas pequeñas, sino  que  dejan el terreno fuertemente alcalino (rico en el ión sodio) y, en consecuencia,  totalmente inepto para cualquier tipo de cultivo o aprovechamiento agrícola futuro.

¿Por qué no hay reposición o recarga de los acuíferos subterráneos?.

Es bien sabido en la historia geológica reciente (últimos 20.000 años)  que han ocurrido distintos procesos a partir del término del último período glacial o glaciación, llamado la glaciación Wisconsin ( o glaciación Würm en alemán) entre los años 110.000 a 15.000  A.C..  Después de esta glaciación que cubrió inmensos sectores de toda la tierra con enormes capas de hielo, se sucedieron diversos períodos, con un lento retiro de los hielos y el aumento gradual de la temperatura, lo que permitió el desplazamiento y desarrollo paulatino de la vegetación que fue ocupando, poco a poco,  los terrenos otrora cubiertos por los hielos. Entre los 50.000 y 30.000  A.C. se desarrolló el llamado "Período pluvial"  (del latín pluvia = lluvia) que se caracterizó por una elevación de la temperatura y la presencia de gran cantidad de lluvias. Es en este período en el que la pampa de Tamarugal  fue cubierta periódicamente por gigantescos aluviones de agua y barro arrastrados por las más de 20 quebradas que bajan del macizo cordillerano de los Andes, aportando enormes cantidades de agua al subsuelo y alimentando así las napas o estratos subterráneos.  Hacia los 10.000 A.C. se inicia el período llamado del Holoceno con elevación de la temperatura y  disminución paulatina  de las precipitaciones.  Entre los años 6.000 y 2.500 A.C.  tiene lugar el llamado "Optimum climaticum", con temperaturas suaves y abundantes lluvias que permitirán en América el desarrollo de las civilizaciones humanas más tempranas, entre ellas Caral (4.000 A.C.)  o Chavín de Huántar (2.500 A.C.), ambas  en el Perú.  Aluviones sucesivos cubren enormes superficies de la pampa y parte importante  de su agua (la que no se evapora) se infiltra y se conserva intacta en las capas o estratos  subterráneos formadas por arenas, ripios y arcillas, creando las condiciones aptas para la formación de las napas freáticas o estratos subterráneos, saturados de agua.

Esfuerzos de recuperación.

Recientemente y desde hace aproximadamente un par de años, la CONAF (Corporación Nacional Forestal) desde  el fundo "Refresco" donde tiene sus instalaciones, ha tratado de remediar esta situación mediante  una enérgica poda de parte de los ejemplares presentes, en una franja de unos 100 metros de ancho  a ambos lados de la carretera, aproximadamente entre los km 1770 y 1760 de la Panamericana. Las imágenes que siguen son ilustrativas  sobre el sistema   de poda seguido  y sus efectos inmediatos. 

Fig. 2.  Este ejemplar de tamarugo (Prosopis tamarugo Phil)  alcanzó una edad aproximada a los 35 años antes de morir.  ¿Por qué -nos preguntamos-  pereció a tan joven edad?.

Fig. 3.  Desde hace un par de años, los ingenieros agrónomos de  la CONAF  (Corporación Nacional Forestal) de Chile han iniciado un ensayo de enérgica poda de los ejemplares aún vivos   para estudiar sus posibilidades de regeneración, eliminando para ello todo el ramaje seco. Así los troncos primitivos que en número de 5-8 solían  brotar, a corta distancia de suelo, dando lugar a un ejemplar frondoso, han terminado su vida en un tronco único, como se puede observar en la imagen.   El ramaje seco ha sido acumulado en sectores donde será  eventualmente quemado.
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Fig 4.   A mediados del año 2017 observamos dos lugares próximos al Fundo "Refresco",  de la Reserva Pampa del Tamarugal, donde se ha hecho una explotación  de los troncos producto de la poda, mediante la elaboración de carbón de leña in situ.  En esta imagen podemos observar una concentración de  carbón desmenuzado el que será seleccionado y ensacado, para proveer el mercado local. El sistema de quema del carbón es -según hemos podido observarlo personalmente- sumamente primitivo. Se  entierran los troncos a poca profundidad, siguiendo una línea dada, y se le enciende  por ambos extremos.  Se deja así dos extremos  al aire, por donde pueda circular el aire, impulsado por el viento de la tarde, que se encarga del lento proceso de la quema bajo tierra y de la formación de carbón. Este lento proceso de  quema, según sea  la cantidad de troncos enterrados, puede durar semanas.

 Fig. 5.  Dos camiones  cargados de sacos de carbón recién elaborado. Está poniéndose el sol y son más de las  20.00 hrs.  Desde la carretera, pudimos captar esta imagen (Foto H. Larrain,  Agosto, 2017).

Fig. 6.    Este  enorme camión que debe cargar más de 1.000 sacos de carbón de tamarugo, está pronto para partir. Su destino según nos informamos, es la ciudad de Santiago.  (Foto H. Larrain,   Agosto 2017.

¿Quiénes fueron los ejecutores de la poda?.

Según nuestra sospecha, habrían sido los propios carboneros quienes efectuaron la feroz poda, dejando un único tronco sobreviviente por cada ejemplar de árbol. Siendo así, nos asalta la duda de si el carbonero ha  pensado en la mejor forma de supervivencia para los ejemplares tratados, dejando en pie los troncos más robustos y sanos, o, por el contrario, eligió para  ser convertidos  en carbón, los troncos más  saludables y  fuertes.  Al parecer,   no habría habido aquí una cuidadosa selección previa  de las ramas o troncos a cortar  por parte de un  especialista forestal.  Tal tarea, al parecer,  habría sido confiada a los propios  explotadores del carbón. 

Fig.  7.    En esta imagen se puede ver  el humo que aún se desprende  de  los lugares de explotación de carbón. Los carboneros viven durante semanas en rústicas cabañas de madera, junto  a los "hornos" de quema y un vehículo les surte semanalmente de agua y alimentos. En nuestra visita del día  10 de agosto 2017, hallamos a dos jóvenes aymaras procedentes de la ciudad de  Oruro, en Bolivia, encargados de la faena. Eran los responsables de la quema, y luego del envasado del carbón en sacos de fibra plástica color blanco, de unos   20-25 kg cada uno. Nos dijeron que el destino de la carga del camión, era la ciudad de Santiago. Allí se vuelve a empacar en  envases pequeños, de papel grueso, con la etiqueta correspondiente: "carbón de tamarugo".

Fig. 8.  El destino del ramaje, producto de la poda, es alimentar las panaderías locales  o la quema in situ.    Inmensa cantidad de valiosa materia orgánica  (y celulosa)  de este modo se pierde para siempre por falta de una política  de  aprovechamiento local adecuado (v.gr. para la confección de abono vegetal).

Fig. 9.  Los árboles,  una vez fuertemente podados, al poco tiempo empiezan a brotar en su base. Ramas nuevas aparecen, en gran número, alrededor del tronco. Hoy casi no hay, como en decenios anteriores, (1970-1980) manadas de cabras y ovejas que  puedan consumir  ávidamente las ramas tiernas. Sin embargo, en un par de ocasiones, hemos observado allí  pequeños hatos de cabras,  guiados por pastores  bolivianos sumamente pobres y desaseados (año 2013). Suponemos que cuentan con el permiso de la CONAF para pastar allí.  
Fig. 10  Camión cargando ramas y troncos secos, rumbo a las panaderías de Pozo Almonte   (10 de agosto 2017, foto H. Larrain).


Fig. 11. Observe la forma y aspecto natural  del tamarugo en la pampa. Presenta normalmente  de 3 a 7 troncos que se separan desde el suelo mismo, conformando un excelente espacio de sombra. La feroz poda inflingida recientemente  a estos árboles, ha dejado tan solo un tronco visible en cada árbol. Nos preguntamos qué ocurrirá con la repentina disminución significativa del área sombrada en esta pampa. Sin duda, aumentará notablemente la  insolación del terreno  y  la tasa de evaporación in situ. ¿Con qué consecuencias para el futuro del bosque?-. No lo sabemos a ciencia cierta.

Fig. 12.  Originalmente, los tamarugos fueron plantados  en hileras,  a muy corta distancia uno de otro. En algunos sectores hemos comprobado que  una planta distaba de otra, al momento de ser plantada,  apenas  tres metros, o menos aún. ¿Para qué?  Tal vez para un máximo aprovechamiento del agua, por parte de los árboles, durante el corto período en que fueron regados, luego de ser plantados. Tal vez, para lograr  amplios sectores de sombra, que favorecieran  el descanso y alivio de los animales que, desde un principio,  se pensó en criar en gran escala en este tamarugal. Experiencia  que, por desgracia,  a la postre resultó ser negativa. Decenas de trabajos de agrónomos, fueron publicados entre los años  1960 y 1990, publicitando la introducción de razas especiales de ganado caprino o lanar, experiencias que  finalmente no tuvieron éxito y fueron abandonadas. (Consulte al respecto los trabajos del agrónomo  Italo Lanino  y otros; ver infra).   

El Tamarugal en el pasado histórico.

En su famosa "Descripción del Valle y Partido de Tarapacá", el  Teniente de Gobernador español don Antonio O´Brien  (1765) pronosticaba ya que si no se ponía atajo en esta pampa a la corta de árboles, para leña y carbón, muy pronto nada quedaría del legendario bosque. Corta que tenía por objeto inmediato alimentar las explotaciones de plata. Con mirada certera, previó el sagaz sevillano que era preciso detener y controlar la tala del bosque, so pena de  acabar con la especie.  No sabemos exactamente qué tipo de medidas tomó para ello, pero  lo cierto es que, al parecer,   nadie le hizo caso en su época:  los poderosos mineros piqueños y tarapaqueños  siguieron  impasibles cortando árboles en torno a los antiguos puquios o pozos, produciendo el codiciado carbón de leña y cortando  troncos, elementos indispensables  para la explotación de la plata en la azoguería de Tilibilca, junto al pueblo de Tarapacá y en buitrones próximos a la Tirana. Menos aún se preocuparon del problema durante el ciclo salitrero (1830-1930) cuando sus gruesos troncos alimentaban incesantemente los fuegos en  las primitivas  "Salitreras de Paradas"   y sus enormes calderos de hierro, acarreados en carretas tiradas por 6 a 8 mulares.  

La vegetación antigua en la pampa del Tamarugal.

Fig. 13.  Fotografía  tomada  al Plano de la Pampa de Yluga", de  Antonio O´Brien que muestra bien las áreas forestadas antaño. (publicada en la revista Norte Grande, Instituto de Geografía, Pontificia Universidad Católica de Chile, Vol. 1, Nº   1,  1974, frente pág. 22).

En su bien conocido "Plano del valle y pampa de Yluga", el Teniente de Gobernador nos presenta con notable precisión,  hacia el año 1765, el estado  de la cubierta vegetacional en la pampa de su época. En efecto, dibuja y distingue cuidadosamente la presencia de zonas pobladas de árboles de tamarugos de  otras zonas cubiertas de un matorral bajo de "pillallas", nombre con que designa a los arbustos del género Atriplex (Atriplex atacamensis), tan abundantes en la zona hasta el día de hoy. También señala las áreas desprovistas de bosque natural o matorral. La pillalla, aunque crece naturalmente en forma de enormes cúmulos de tipo semi-circular, que pueden alcanzar hasta  4-5 metros de altura,  produce solo ramaje muy delgado, totalmente insuficiente para los requerimientos de la minería de la época, la que necesitaba de elevadas temperaturas para la fusión del mineral. Por este motivo, se dio preferencia a la tala de ejemplares corpulentos de tamarugos, especie arbórea casi única en este bosque.  Aún hoy podemos observar en los alrededores de las localidades de La Tirana y Pozo Almonte,  árboles aislados de tamarugo, que presentan a sus pies una típica formación de cerrillo o cono truncado, producto de la incesante acumulación de follaje seco que se ha acumulado con el tiempo  en torno a su base, incrementado  de continuo con el arribo de arenas finas acarreadas por la acción de los vientos. Basta escarbar un poco en este material, cerca de la base del árbol, para tropezar con grandes cantidades de astillas de madera, residuo y testigo inconfundible de la corta y tala  continua del árbol, efectuada en distintos períodos anteriores. Como no llueve casi nunca en la pampa, este material vegetal se mantiene casi intacto, sin descomponerse, bajo una tenue capa de arena fina.  

Cita ad litteram del texto de O´Brien   (1765):

Nos parece de interés en este capítulo del Blog,  citar ad litteram  y comentar la magnífica y detallada descripción que nos dejó el sevillano don Antonio O´Brien  en el año  1765. En el capítulo VII de su Descripción que titula: "Descripcion del valle o Pampa de Yluga y de el Tamarugal", señala con el número 76, textualmente:

"Es un territorio  que según las señas y experiencia que se tiene, ha sido fertilísimo, no pudiendo dudarse que lo es y que lo volverá a ser siempre que se le introduzca agua que los riegue. Se ven en este territorio muchas y dilatadas chacras, en las que permanecen  los rastrojos del trigo y maíz que produjeron.  Asimismo, hay en él gran cantidad de árboles que llaman tamarugos, algarrobos y molles, muchas y crecidas retamas con un espeso e intrincado bosque de monte bajo, que en parte lo hacen impenetrable, por esta parte frente del pueblo de Pica. Y es bastante húmedo y muy abundante de agua subterránea; hay en este sitio en el camino que se sigue desde el dicho pueblo [de Pica] para el cerro de San Augustín de Guantajaya, dos pozos que llaman Puquios, el más profundo es de catorce varas, y por lo regular tiene tres [varas] de agua y solo sirven para dar de beber a los que transitan por este camino porque hasta ahora no ha habido quien hubiere hecho una noria u otra máquina para regar algunas tierras. Es en algunos parajes salitrosa,  por la parte que sigue a la costa, pero a más de no ser mucho el salitre, es superficial, criando una costra de  cuatro a seis dedos de grueso, y el terreno debajo de esta costra es gredoso y dulce, y todo el resto de la Pampa es especial tierra para trigo y maíz. La última cosecha que se cogió seis años ha, llegó a dar ciento treinta y dos fanegas de trigo por  una, y desde entonces no ha vuelto a sembrar en ella por falta de agua".  (Transcripción nuestra tomada directamente de una fotocopia del original del Archivo de Indias, 1765,  Nº 76;  cfr. Archivo de Indias, Legajo Charcas, 490, Nº 76).  Solo se modernizó la grafía, ortografía y sintaxis al español actual,  para facilitar su lectura, sin cambiar ni una sola palabra del texto).

Comentarios a este texto:

1. Se indica aquí la constitución de la cubierta vegetacional del bosque antiguo del Tamarugal hacia mediados del siglo XVII. Señala O´Brien la presencia de solo tres especies de árboles en esta Pampa: a saber, tamarugos   (Prosopis tamarugo Phil), algarrobos  (Prosopis alba Griseb.) y  molles (Schinus molle L.). Entre los arbustos, distingue  por lo menos dos especies de arbustos que constituyen un "monte bajo": son las  "retamas", hoy llamadas también retamas o retamillas en la zona de Tarapacá (Caesalpinia aphila  Phil) y las pillallas  (Atriplex atacamensis Phil). Esta última, no aparece con este nombre en la "Descripción", pero  es específicamente nombrada en cambio, en  la leyenda de su "Plano de la Pampa y Valle de Yluga".  El "monte espeso e intrincado" es  con certeza,  el formado por las plantas de pillallas, y otras especies pequeñas como sorona (Tessaria absynthioides),  tal como aún hoy podemos observarlo, en gran densidad,  al ESE del poblado de Huara, hasta donde suelen llegar los derrames de aguas provenientes de las quebradas de Aroma y Tarapacá, en época de intensos aluviones estivales.

Consulte a este respecto nuestros capítulos previos en este blog:  "Flora endémica de la Pampa del Tamarugal y oasis aledaños: su uso en el pasado y en la actualidad"  (fechado 17 /01/2009)",  "La vegetación presente en la Pampa del Tamarugal a mediados del siglo XVIII:  un testimonio veraz del cartógrafo Antonio O´Brien" (fechado el 30/01/2016), o finalmente: "Observaciones recientes sobre Prosopis  spp. en la Región  de Tarapacá: curiosidades de un neófito" publicado  con fecha  03/02/2016.

2.  El texto hace alusión  a los extensos cultivos en tiempos antiguos aprovechando el agua de aluvión,  cuyas melgas, con sus respectivos rastrojos,  han quedado visibles en superficie hasta el presente. Estos campos de cultivo abandonados desde antiguo, se hallan  en las porciones terminales de las quebradas de Aroma y Tarapacá, y cubren centenares de hectáreas que  otrora, en tiempos de la bajada de  aluviones fuertes, fueron cultivados por los pobladores de las quebradas aledañas.  Estos descendían desde los pueblos precordilleranos,  por semanas o meses, a cultivar en el suelo de la pampa y allí se hacían sus  rústicas cabañas de cañas.

3.  Es ésta, a lo que creemos, la primera  y clarísima mención histórica sobre la existencia de chacras antiguas, de carácter arqueológico, abandonadas desde hacía mucho tiempo, en el piso de la Pampa del Tamarugal, estudio que posteriormente atraerá la atención del arquitecto iquiqueño Patricio Advis, del arqueólogo Lautaro Núñez  y de los geógrafos del Instituto de Geografía de la Universidad Católica de Chile (1971-75). El Teniente de Gobernador de  Tarapacá don  Antonio O´Brien observó en ellas rastrojos de antiguos plantíos de trigo y maíz y señaló la gran feracidad de esas tierras cuando eran  regadas.

Fig. 14.  Derrames del agua provenientes de las  quebradas de Tarapacá y Aroma, forman aquí un verdadero río. La planta que muestra notable desarrollo es la pillalla (Atriplex atacamensis Phil). Foto tomada en las cercanías del pueblo de Huara,  en Marzo del año ----  (Foto H. Larrain).

 La plantación del Tamarugal actual.

Sabemos que  la plantación del actual bosque del Tamarugal  fue fruto del trabajo de la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO) que entre los años  1960 y 1972 plantó decenas de miles de ejemplares de tamarugos, que preparaba y cultivaba en su predio  del  "Fundo Refresco", hasta hoy en posesión de la CONAF (Corporación Nacional Forestal).  La valiosa experiencia previa del español don  Emilio Junoy en la década de los años  30 del pasado siglo,  quien lograra reproducir  y cultivar vástagos de tamarugos en el fundo "El Carmelo" fue el acicate y modelo de esta actividad para repoblar  de árboles la pampa. En la actualidad  (año 2017),   la superficie  plantada de tamarugos por la CORFO alcanza las  16.130 hás.,  y se halla hoy al cuidado de la CONAF.  Los árboles, de un tamaño de aproximadamente 1 metro de alto fueron plantados en hoyos profundos, practicados bajo la cubierta salina del salar, desprendiendo primeramente  la dura costra salina superficial, y fueron regados artificialmente tan solo por espacio de un año, período durante el cual se suponía que las raíces de las  plantas  buscarían  por sí mismas el líquido elemento, penetrando profundamente en el subsuelo.

El bosque  actual del Tamarugal  comprende  tres sectores bien definidas : a) la zona norte, frente a Zapiga y Dolores,  (a pocos kilómetros al norte de la localidad de Huara), de más reciente origen, con árboles más jóvenes, y que registra,  en general, un excelente estado de vigor;  b)  la zona de los salares antiguos de Bellavista y Pintados,  al sur de la localidad de Pozo Almonte, donde  se observa hoy  la mayor degradación y mortandad del bosque  (zona de las imágenes aquí presentadas) ; y c), por fin,  un bosque ralo,  disperso, en gran parte  preexistente, en las proximidades de la localidad de La Tirana, donde aprovecha altos niveles freáticos del agua subterránea.

Octavio Castillo y sus estudios hidrogeológicos.

Como es sabido, los tamarugos, a diferencia de otros árboles,  poseen una potente raíz pivotante capaz de penetrar hasta los 25-30 m. de profundidad, en busca del agua subterránea.  Hasta hace un siglo y aún menos,  el nivel freático de agua subterránea, presente bajo los suelos  salinos de la pampa, era bastante más elevado que el actual. Particularmente en la zona de La Huayca y Canchones, el agua subterránea se hallaba todavía,  hacia 1955-60, apenas a  1-2 de profundidad, lo que permitió, por varios siglos, el cultivo intensivo en dicha zona de variedad de hortalizas, en los llamados "canchones", "mahamaes" o "chacras sin riego". Los trabajos de investigación del hidrogeólogo chileno Octavio Castillo Urrutia, en la década del sesenta del pasado siglo, (Cf. su  obra "El agua subterránea en el Norte de la Pampa del Tamarugal", Instituto de Investigaciones Geológicas, Santiago,1960), demostraron fehacientemente que las nuevas plantaciones de la CORFO, iniciadas muy poco antes, estaban contribuyendo fuertemente a hacer descender y bajar los niveles freáticos del agua, absorbida ahora por las decenas de miles de árboles recién plantados, ávidos de agua.  Castillo, ya en esa obra del año  1960 advertía acerca del peligro futuro de esta explotación que algún día podría tornarse severa. Y no se equivocó, ciertamente.  En efecto, el agua absorbida ávidamente por la nuevas plantaciones, desgraciadamente no era compensada por lluvias actuales sino era de carácter "fósil", es decir,  había sido antaño producto de copiosas lluvias altiplánicas, acaecidas en el período del Holoceno, esto es hace unos 8.000-10.000 años atrás, y no presentaba hoy recarga suficiente a través de los escasos y esporádicos períodos de aluviones estivales. La extracción incesante de agua subterránea por acción antrópica (esto es,  por la actividad humana)  a través de los miles de tamarugos plantados en la pampa, sumada a la succión creciente de aguas por obra de pozos y puquios labrados para la alimentación humana en las Oficinas Salitreras y, posteriormente, para la agricultura en las granjas agrícolas de la pampa, terminarían un día por "secar" las fuentes freáticas, carentes ahora casi del todo,  de recarga superficial. Es lo que desgraciadamente ha sucedido. 

 La potente poda reciente.

Hemos presentado más arriba  imágenes de la forma como la CONAF y sus ingenieros forestales están  atacando hoy el problema de la creciente degradación  del bosque. El tamarugo   tiene como forma natural el  emitir varios troncos aéreos, (hasta 7-8 o aún más)  que nacen prácticamente desde la base y terminan por conformar un follaje frondoso y tupido. En lugares donde encuentra suficiente agua subterránea, a poca profundidad, se desarrolla en forma espléndida pudiendo alcanzar  con facilidad  hasta los  15-18 m de altura máxima.

Fig. 15.   Ejemplares robustos de tamarugo, a orilla de la carretera Panamericana N-S. hacia  el km  1780. Aquí fueron plantados en filas orientadas  N-S, y  a una distancia uno de otro,  de  no más de 3-4 m. Cada fila  quedó separada de la siguiente por un amplio espacio  vacío, de unos 20-30 m   o más. nos llama la atención  la gran proximidad  (3-4  m) en que fueron plantados. Seguramente, con la idea de que formarían un  campo de sombra,  que permitiría disminuir y frenar  la altísima evaporación propia del desierto.  Como desde un principio se pensó, además,  en traer rebaños de cabras y ovejas,  que se alimentarían de sus brotes tiernos y de sus frutos, este sistema  entregaría suficiente sombra a los animales, durante su alimentación.  De hecho, se hizo, en un comienzo,  experiencias de adaptación y aclimatación de razas ovinas  y caprinas especialmente adaptadas al calor   (Cf. Italo Lanino y Mario Meza Mascayano: "Comparación de tres razas ovinas alimentadas con tamarugo (Prosopis tamarugo Phil), Pampa del Tamarugal",  Tesis, Universidad de Chile, Facultad de Agronomía, Santiago, 1966).
Fig.  16.   Así escurre el agua de color chocolate,  cuando bajan los aluviones desde las vecinas quebradas situadas al Este. (Foto H. Larrain,  Marzo del año  2004 ).
Fig. 17. Un solitario árbol de molle o pimiento (Schinus molle) en medio de la pampa, recibe el influjo benéfico de las aguas de aluvión.  (Foto H. Larrain,  Marzo del año 2004).

Fig. 18. Las aguas suelen cubrir extensas zonas de la pampa , donde se desarrollará, con gran fuerza,  especialmente  la especie aquí denominada  pillalla  (Atriplex atacamensis Phil).

Fig. 19.    La enorme cantidad de agua que se acumula por meses, tras un aluvión,  suele cortar las carreteras e impide el paso de vehículos. En algunos sectores, se forman pozas o lagunillas que sobreviven durante varios meses  antes de secarse por completo (Foto H. Larrain, marzo del año 2004).

Comentario eco-antropológico final.


1.  La poda actual, de la cual hemos entregado aquí unos pocos testimonios fotográficos, realizada recientemente en el Tamarugal a manera de prueba, nos parece una medida desesperada por recuperar la gigantesca plantación hecha por la CORFO entre  1960 y 1970.


2.  Tememos que  la vitalidad que se observa hoy en los renuevos, que han crecido con fuerza cerca de la base de los troncos recién cortados,  podría  ser  sólo una reacción  momentánea, una última defensa de la planta antes de  morir. Un postrer "canto del cisme".  En realidad, no lo sabemos. El tiempo nos lo dirá. 

3. Dudamos que  este tan drástico sistema de poda sea una solución definitiva al problema del bosque que a todas luces está muriendo,  aunque temporalmente, esta medida frenará sin duda  y mitigará en alguna medida la propagación de las pestes que aportan los insectos,  máxime las numerosas especies de polillas (Noctuidae) que se ceban en  el follaje verde.

4. Somos de la opinión de que solamente  una firme  y sostenida política futura de extracción de agua  de mar, previamente, desalinizada y traída en tubería desde el mar, permitiría la recuperación  y regeneración del Tamarugal; más aún, permitiría ampliar considerablemente tanto la plantación como la agricultura  en  los infinitos espacios  abiertos de la pampa, hoy casi carentes de vegetación. Miles de hectáreas podrían así ser utilizadas para beneficio de futuras comunidades de agricultores en la pampa.  ¿Es este solo un sueño, o una realidad ad portas para la Región  de Tarapacá?.

5.  Se cumpliría así el sueño profético del Teniente de Gobernador de Tarapacá el visionario  sevillano Antonio O´Brien  en 1765, expresado  en su famosa "Descripción de Tarapacá", a la que hemos aquí hecho referencia.  Escribía O´Brien  en esos años: "Es un territorio que según las señas y experiencia que se tiene, ha sido fertilísimo, no pudiendo dudarse que lo es y lo volverá a ser siempre que se le introduzca agua que los riegue" (sic!).

6. Veremos en los  años venideros si la  potente poda que se ha realizado recientemente, a manera de prueba, en una franja a ambos costados de la carretera panamericana,  surte algún efecto positivo  en el desarrollo futuro de la especie tamarugo  in situ. Ojalá ésta resultara beneficiosa para el bosque y la Reserva. Pero dadas las actuales condiciones de sequedad, más el imparable incremento global de la temperatura por obra del calentamiento global  -tal como nos lo señalan algunos lectores-,  dudamos sinceramente de ello.  Ojalá nos equivoquemos.

7. Este acelerado proceso actual de cambio en el Tamarugal debería ser seguido con especial cuidado por los especialistas ecólogos, biólogos,  botánicos o ingenieros forestales ( y no solo por la CONAF local),  para evitar que  a la postre "el remedio sea peor que la enfermedad". 

8. El bosque del Tamarugal no solo es valiosísimo por las especies endémicas (vegetales y animales) que  en sí encierra,  sino por su importancia como regulador del clima en esa región.










sábado, 19 de agosto de 2017

Escudriñando los alrededores del sitio arqueológico de Chug-chug: algunos hallazgos sorprendentes.

Fig. 1.   Plano del área arqueológica de Chug-chug. Línea divisoria entre  las Provincias de El Loa y María Elena, Región de Antofagasta. Imagen tomada de Google Earth preparada por Claudio Castellón  y enviada a Horacio Larrain  en el curso del año  2014. Se observa bien el trazo de la huella de la antigua ruta Inca con inclinación de sureste a Norweste

¿Un santuario para los caminantes?.

En el capítulo anterior del blog, nos hemos referido a las numerosas figuras de geoglifos representadas en  el sitio denominado Chug-chug situado en la Provincia de María Elena, Región de Antofagasta. Hemos señalado allí que para nosotros la extrema acumulación de figuras denotaría la presencia de un importante sitio ceremonial o  santuario (como se prefiera denominarlo) de los antiguos caminantes y viajeros.  Este sitio se halla contiguo e inmediato a un tramo importante del Qhapaq Ñan de los Incas, que viene de la zona de  Calama, acerca del cual entregamos detalles en este capítulo, tras minuciosa observación en terreno  (Ver Fig. 1).

Fig. 2. El autor de este blog al costado  derecho de la antigua ruta incaica, o Qhapaq Ñan. Alrededores del sitio de Chug-chug. La regla en el suelo mide un metro. Un bastón nuestro, puesto en el extremo opuesto, marca el ancho constante de la senda: son casi exactamente 3.50 m. Observe el lector las numerosas piedras alineadas toscamente  a sus costados, señalando sus límites. Este sistema de indicación de la vía incaica lo hemos observado en prácticamente todos los sitios donde con certeza se detecta  el trazado de esta ruta, desde la ceja sur de la quebrada de Camarones, hasta Quillagua.  Nuestra hipótesis es que este tramo que pasa por el sitio arqueológico de  Chug-chug enfila directamente al Norte, y empalma con la ruta que de  N. a  S. viene desde la quebrada de Maní, cruzando varias quebradas  normalmente secas  como   Sipuca,  Los Tambos,

Fig. 3. Este geoglifo, hecho en el suelo,  se halla muy cerca de uno de los miradores actuales.  Ha sido delineado mediante  piedras  de tamaño semejante, puestas toscamente en todo su contorno, Tal vez (?) se trate del diseño de un ave, con las alas abiertas;  la cabeza del ave  estaría donde se halla el observador y sus patas, en el extremo opuesto. Pero la figura no es muy clara. Allí,  a corta distancia, se yergue otro geoglifo representando una hermosa estrella de cinco puntas.   (Foto Pedro Lázaro, 02-12-2016).
Fig. 4.  Los cerros con figuras de geoglifos vistos desde uno de los miradores. Distancia aproximada: unos 300 metros.  (Foto Pedro Lázaro, 02.12-2016).

Fig. 5.   Algunas de las abundantes figuras  representadas en la falda este de la estribación de cerros. Hay figuras geométricas (rombo escalerado)  y diseños animales. (Foto Pedro Lázaro, 02-12-2016).

¿Quién fue el descubridor de este sitio de arte rupestre?.  Un nombre ignorado.

La información respectiva no aparece en el afiche de la Fundación que hoy cuida y protege el sitio. Por fortuna, en reciente comunicación que mucho agradecemos, el  investigador de campo don Claudio Castelln Gatica, quien fuera por años director del Museo de la Oficina Salitrera María Elena, nos envía algunas aclaraciones que consideramos de mucha importancia, en lo que respecta a este increíble sitio.  Nos señala, en efecto, que él  mismo  fue su casual  descubridor en el año  1990  y, a la vez, quien lo bautizara con  este extraño nombre.  Consta, igualmente, que  fue él también quien diera a conocer el sitio a los arqueólogos, en particular al profesor Luis Briones, de la Universidad de Tarapacá (Arica), reconocido experto  en  el arte rupestre tarapaqueño.  Por su lejanía, el lugar había permanecido oculto a la mirada atenta de todos los arqueólogos precedentes, y, en consecuencia,  no existe -que sepamos- referencia alguna anterior a este sitio en la bibliografía arqueológica regional.

Exploraciones arqueológicas desde la salitrera María Elena.

Castellón en efecto, con base en María Elena, sitio de su residencia, durante muchos años recorrió incansablemente la región, tanto para procurarse objetos antiguos para su flamante Museo de María Elena, cuanto para incrementar el conocimiento arqueológico de la Región y señalar a las autoridades los peligros que corría este arte, ante el avance incontenible del progreso (Exploraciones mineras, electrificación, Carreteras, etc.). Fue así como, acompañado de  un grupo de amigos amantes de la antropología, Castellón  encontró y dio a conocer al mundo científico numerosos lugares de gran interés arqueológico y patrimonial. Con gran generosidad,  no siendo él mismo un arqueólogo formado en la Academia, sino un entusiasta autodidacta de la arqueología, supo dar  aviso a los científicos locales de sus descubrimientos. Lo que mucho le honra.

Explorando un tramo del Qhapaq Ñan junto a Chug-chug.

Con la experiencia adquirida  por nosotros (Pedro Lázaro y yo) en el estudio del camino Inca, tras numerosas expediciones en su búsqueda en la depresión intermedia de Tarapacá, entre  la quebrada de Camarones y Quillagua  (entre los años 2011-20l5),   quisimos examinar con alguna detención sus huellas aquí, junto a la cadena de cerros Pintados de Chug-chug. Lo hicimos a comienzos de diciembre del pasado año 2016. El joven guía  de la "Fundación  Patrimonio Desierto de Atacama" nos indicó someramente su rumbo.  Muy pronto dimos con los típicos trazos sinuosos, en forma de rastrillo, formados por numerosas huellas paralelas de tránsito animal,  que serpenteaban  viniendo claramente del Sureste. Se observa aquí numerosas huellas, que cubren  un ancho  medio total  de no menos de 10-12 m. Nuestro guía pareció no dar mayor importancia a esta ruta, encandilado como estaba por el estudio de los grabados en tierra  (geoglifos), rasgo cultural sin duda de la mayor importancia en este yacimiento.

Rastros de antiguas acampadas.
           
A poco andar, siguiendo el trazado de la antigua ruta, observamos unos  confusos amontonamientos de piedras al costado de una pequeña cárcava provocada por la eventual bajada de aguas.  (Vea nuestra Fig. 4). "Un antiguo campamento de viajeros", le susurro a Osvaldo.  En efecto, vemos latas de  conserva oxidadas, trozos de botellas de cerveza antiguas, alambre, herraduras,  elementos todos típicos de la época del auge de la explotación  salitrera (1870-1915). Se trataba de antiguas oquedades circulares, protegidas por piedras, aptas para pasar la noche, al abrigo de sus ponchos y monturas. La ruta fue muy frecuentaba durante el período salitrero, época en que se traía animales bovinos en pie desde Atacama, rumbo a los mataderos (llamados "camales")  de las Oficinas Salitreras.  Digo a Osvaldo: "tendria que haber cerámica indígena por aquí".  Pocos segundos después, vuelve con varios fragmentos que identifica como cerámica atacameña temprana.   Huella indeleble de un tráfico muy antiguo, de varios siglos antes de la llegada del Inca. Pronto halla Osvaldo (cuyo olfato arqueológico nos maravilla) un inconfundible fragmento de cerámica del tipo "negro pulido atacameño",  según la denominación antigua dada  por el sacerdote-arqueólogo, párroco de San Pedro de Atacama,  Gustavo Le Paige  S.J.

Un hallazgo fortuito.

Estamos bastante cerca y al oriente  de uno de los miradores instalados por la Fundación para la observación de los conjuntos de figuras de los cerros vecinos.  De pronto Osvaldo me señala un curioso círculo, formado por piedrecillas finas, de color muy oscuro.  Llamo a Pedro y le digo "¿qué te recuerda esto?". "Un geoglifo", me responde,  tras unos segundos de vacilación. Era un dibujo en tierra, inconfundible, de un imponente  sol con un gran círculo central. Figuras de este mismo tipo (prácticamente idénticas) habíamos observado con bastante frecuencia a los costados de la ruta Inca, a través del Tamarugal. Habíamos visto docenas de ellas, de diversos tamaños, con y sin un punto central característico. Nos fue, pues, fácil reconocerlo.  El círculo interior, con un  diámetro de unos 90 cm., fue intencionalmente formado acumulando innumerables piedrecillas muy pequeñas, de color muy oscuro, delineando un cúmulo levemente levantado del suelo. El círculo exterior del sol, igualmente, aunque incompleto, fue formado por unas corridas de piedrecillas finas, en un contorno de unos 14.40 m.  de longitud. Pronto nos dimos cuenta que alrededor de un tercio de la figura, había sido pisoteada y destruida por  el paso incesante de tropillas animales por la senda.  Entre el borde externo del círculo y su punto central, el área había sido clara y cuidadosamente despejada totalmente de piedras, dejando  bien visible un soporte terroso, de color mucho más claro. En un sector del borde externo del círculo, pudimos descubrir varios minúsculos fragmentos de cerámica color café oscuro. Osvaldo nos señala que se trata de cerámica de los antiguos  atacameños.

Un gran geoglifo solar.

Habíamos al parecer descubierto con Pedro y Osvaldo, un gran geoglifo representando probablemente a la divinidad solar incaica (Tata Inti), casi imperceptible a la vista por su alto grado de destrucción y degradación. Sospechamos que su presencia había escapado a los investigadores del sitio, pues no estaba señalizado.  Se halla a unos 90 m de distancia (a ojo) del mirador Nº 2. Tomamos de inmediato con el GPS las respectivas coordenadas   UTM:  482299 N y 7545197 E.  El antiguo geoglifo se halla al costado weste de la ruta Inca, y contiguo a ésta. ¿Qué pasó  y por qué  se hallaba destruido en buena parte?. Fue nuestra primera pregunta.  Tenemos ahora una hipótesis explicativa muy simple sobre este hecho. Pero antes,  mostraremos  aquí la forma en que aparece visible el geoglifo, de acuerdo al dibujo hecho en mi Diario de Campo (Vol. 98, págs. 33 y 35)  y que presentamos aquí.

Fig. 6. Croquis de terreno.  Vista general de área que muestra  el cordón de cerros pintados (a la izquierda del dibujo)  y la posición relativa del geoglifo circular (por hipótesis, el sol o Inti). Dos pequeñas cárcavas de erosión, cruzan de sureste a norweste la zona. En una de ellas, se observan varios restos de  estructuras de campamento.  Las huellas sinuosas, paralelas, propias del camino Inca toman aquí, a lo que nos parece,  un decidido rumbo NW.   El hito caminero  señalado en la Fig. 4, , al que se hace  especial referencia en la Fig., se halla en las coordenadas UTM:  482228 N y 7545360 E (Texto tomado del Diario de Campo del Dr. H. Larrain, vol. 98, pág. 33).

 
Fig. 7.   Descripción detallada , tomada de nuestro Diario de Campo, del hallazgo del geoglifo del sol (Vol. 98, pág. 34). Nos llamó bastante la atención no hallar fragmentos de cerámica colonial española  (de tinajas o botijas),  evidencia normal  del paso de españoles por la vía,  muy frecuente en otros tramos de la vía antigua.  Sólo cerámica indígena típica. Al parecer, los españoles, al revés de los indígenas, no se detuvieron aquí, ni tuvieron motivos para hacerlo.  En cambio los arrieros del siglo XIX y XX dejaron aquí rastros evidentes de su paso y acampada.
                         
Fig. 8. Página de nuestro  Diario de Campo (vol. 98, pág. 35-39).  Detalle del geoglifo circular hallado

Fig. 6. Diario de Campo, vol 98, pág. 32. Alusión al hallazgo de cerámica atacameña, en trozos muy pequeños que fueron dejados in situ. Nuestro recorrido  a pie siguió hacia el Norte, por espacio de unos  200 metros, observando las características de la vía incaica La foto de la Fig. Nº 2 corresponde exactamente a  esta sección del camino incaico.

¿Por que destruyeron parcialmente  el geoglifo y quiénes lo hicieron?.

Nos habíamos hecho esta pregunta más arriba.   Estimamos  que la causa fue la siguiente.  En época indígena solo llamas y alpacas cargadas circulaban por esta vía. La gente caminaba a pie, junto a los animales,  pues no existían cabalgaduras de monta  en épocas prehispánicas en América. Esto es sabido.  El trazo de la vía incaica -como lo hemos destacado ya-,  no superaba los 3,50-3,60 de ancho, suficiente para el tránsito de  2 a 3 animales a la vez.  No era necesario más espacio. Esa distancia estaba delineada con piedras, arrojadas al borde de la vía. La vía misma era cuidadosamente despejada de piedras que pudiesen dañar las patas de los animales o los pies de los  viajeros.  Estos, recordémoslo, calzaban siempre  ojotas de cuero. Hasta los perros acompañantes eran calzados con sendos cueros protectores.  ¿Cuándo se amplió considerablemente el ancho de la huella, (a veces hacia  100-120 m o aún más) provocando la situación actual de "rastrillo", al decir de Patricio Advis?. 

 Nuestra hipótesis apunta al empleo normal, por parte de los conquistadores españoles de caballos, mulares  y burros en lugar de las llamas de los indígenas. Ahora bien  los équidos citados iban generalmente guiados por sus jinetes, quiene los acicatean en caso necesario para acelerar la marcha. Así, estos animales fácilmente eran desviados o se desviaban del exiguo trazado antiguo algún tanto por acción de las riendas de sus propios jinetes, máxime en sectores arenosos donde no había obstáculos de ninguna clase (piedras). En tales espacios limpios, imaginamos que hasta podían trotar o galopar a gusto, para acelerar el paso. Pero la senda volvía necesariamente a restringirse al ancho antiguo  (ca. 3,50 m.  o menos)  allí donde la topografía del terreno lo exigía, v. gr. en el cruce de cauces o sectores muy pedregosos.  En síntesis, la  presencia de estos extensos y anchos "rastrillos" observables en la actualidad, sería un fenómeno producido por los conquistadores y sus animales de monta y carga.   A diferencia de los auquénidos que siempre siguen religiosamente un mismo sendero previamente pisado (para cuidar y proteger sus patas), como lo hemos podido observar en sectores montañosos,  los caballos o mulares españoles podían avanzar  velozmente sin someterse al estrecho trazado  previo de la vía Inca, y saliéndose por tanto,  impunemente de sus lindes, bajo el látigo de sus jinetes. Es lo que creemos sucedió en el caso que nos ocupa. Como las figuras rituales de geoglifos hechas en el suelo se hallaban generalmente muy cerca del trazado primitivo  (en nuestra experiencia a veces tan sólo a  uno o dos  metros de distancia),  al cruzar los españoles con sus cabalgaduras,  en lugares abiertos, ampliaron y extendieron inconscientemente el ámbito  de la huella, sin reparar en la presencia de las figuras votivas  preexistentes (geoglifos), que nada significaban para ellos. Simplemente, las pasaron a llevar y las atropellaron. 

En resumidas cuentas, fueron los propios conquistadores quienes  modificaron  con el pasar de sus cabalgaduras y animales de carga, las huellas perfectamente  circunscritas de la vía incaica o Qhapaq Ñan.  Juzgue el propio lector si esta explicación le satisface  o no, pero creemos  correspondería  bien a la índole  de nuestros animales de monta y  al criterio de sus jinetes españoles.

Y, por fin, ¿qué significa  el topónimo Chug-chug?,

No siendo nosotros lingüistas sino antropólogos, decidimos consultar al efecto a  nuestro amigo, el investigador peruano Rodolfo Cerrón Palomino,  eximio experto en lenguas andinas,  quien amablemente nos respondió a vuelta de correo. Reproducimos aquí su respuesta textual:

"...En cuanto a tu pregunta, me parece que la respuesta es sencilla: debe tratarse de la palabra castellanizada del quechua  chukchuq:  "que siempre está temblando". En tal  sentido, debe estar refiriendo a alguna particularidad del lugar. A menos que, como sugieres, sea una reduplicación de chuk que en quechua es el gotear  del agua, de manera que chukchuq será "gotera". Ambas interpretaciones plausibles, aunque yo me inclino por la primera. Es cuanto puedo decirte. Rodolfo".

Nuestra aplicación al caso presente.

Agradecemos infinitamente  el valioso apoyo lingüístico que nos ha  brindado nuestro experto amigo. ¿Cuál traducción  preferir?. Nos inclinamos claramente por la segunda. ¿Razones?.  

a)   En todo el Norte Grande suele temblar con cierta frecuencia  y por igual,  en todas partes, No hay motivo alguno que sugiera que en este preciso lugar, tiemble de modo especialmente fuerte.  En razón del argumento de  la  "plausibilidad semántica", pues, este argumento no nos parecería aplicable en el caso presente.  

b)   El sitio  arqueológico de arte rupestre Chug-chug no fue conocido antes del año  1990, y como tal, carecía de nombre particular. Ahora sabemos que fue Claudio Castellón que lo bautizó así, por la proximidad de la  quebrada de Chug-chug, distante solo unos 15 km hacia el norte.  Castellón, con o sin razón, la bautizó con este nombre, adoptando para ello el topónimo conocido más cercano: la quebrada de Chug-chug. 

c) Ahora bien, en la quebrada existe una aguada, algo salobre, que  fue siempre muy usada por los caminantes para abastecerse en su viaje por el desierto en esta zona inhóspita. En esta aguada, el agua brota  gota a gota, formando un charco pequeño. ¿No podríamos pensar que este goteo continuo en la aguada, acarreó su nombre onomatopéyico: Chukchuk?. Parecería plausible pensarlo  así.  O sea, por sinécdoque, la aguada  habría terminado otorgando su  nombre al conjunto de la quebrada.  En carta posterior, Cerrón Palomino acoge y  se manifiesta de acuerdo con esta propuesta nuestra. 
  
d) La denominación de los lugares (toponimia)  obedece siempre a la existencia de algún rasgo natural de importancia para la vida humana. En otra palabras, nunca denominaban los antiguos a las quebradas mismas por algún nombre específico, sino se daba nombre  (bautizaba)  a  algún accidente o elemento natural notorio (de la flora, fauna, topografía o geología) existente o abundante en ellas. En tiempos indígenas, las quebradas mismas, en cuanto tales, no poseían nombre propio. Fue la geografía y la cartografía de origen occidental, la que  empezó a denominar con nombre propio a accidentes  físicos tales como quebradas, ríos, pampas, lomas o cordilleras.   La quebrada de Chug-chug, pues, debió su nombre a su aguada o vertiente,  "que goteaba agua".  Esta, explicación nuestra, también sugerida por Cerrón Palomino, nos parece  preferible a la otra: "tierra que"tiembla".

e) Por fin no deja de ser muy instructivo el hecho de que este nombre sea de origen quechua (no aymara,  puquina, o lickan antai).  Y ello no nos debe sorprender, sabiendo que el Qhapaq Ñan de los Incas pasaba y pasa aún por allí mismo, muy cerca, rumbo al NW. Los incas, presumiblemente, bautizaron con este nombre a la aguada del lugar, a su paso por allí.  Ta vez ésta poseyó algún nombre antiguo en lengua puquina, pero éste no habría subrevivido. Y su nombre quechua, en cambio, como en otros lugares de Tarapacá,  ha perdurado hasta hoy  para designar su aguada y,  por extensión o sinécdoque, la quebrada homónima.